Todas las pérdidas irreparables

Al actor y cineasta alemán Kurt Gerron lo redujeron a cenizas en los últimos días en que los Krematoria de Birkenau aún seguían en pie, en el otoño de 1944. Antes estuvo internado en Theresienstadt, el campo de concentración de opereta que la Alemania nazi construyó para mantener tranquila (y lo consiguieron) la conciencia del resto de occidente, haciéndonos creer que encerraban a los judíos para que estuviesen todos juntitos pasándoselo bomba. Precisamente, a los nazis les venían que ni pintados los artistas como Gerron, en este caso para dirigir en el campo un cabaret, Das Karussell, que mantuviera entretenidos a los reclusos y que así en las fotos que enviaran a la Cruz Roja y demás ONGs de la época se reflejase una felicidad y un entusiasmo genuinos por vivir en Theresienstadt.

Las pérdidas irreparablesPero no solo dirigió gratis un teatro de variedades en medio del infierno. Los nazis obligaron a Gerron a que filmase un documental propagandístico que reflejase lo bien que se vivía en Theresienstadt y lo buena gente que eran los miembros de las SS. El ridículo título: Der Führer schenkt den Juden eine Stadt (El Führer regala una ciudad a los judíos). Nada más concluir la filmación del documental, tanto Gerron como la mayoría de los participantes en el mismo fueron transferidos a Birkenau (Auschwitz II), donde se les gaseó e incineró inmediatamente después de su llegada al campo.

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Cantautores como Hoagy

Los cantautores me revuelven las tripas. Su música es muy buena, no suena a nada, y sus letras suelen ser una oda a su ego que no le interesa ni a su portera. Aunque hay raras excepciones. Hoagy Carmichael es una de ellas. Este señor era un fuera de serie que escribía canciones fabulosas en las que no hablaba de sí mismo y se acompañaba de un piano rebasando con amplia ventaja el límite armónico de los tres acordes. Conozco a Carmichael por sus apariciones en Tener o no tener, que no considero exactamente una película, porque la dirigió Howard Hawks, la historia se basaba en una novela de Hemingway, el guión era de William Faulkner y Humphrey Bogart y Lauren Bacall se hicieron novios rodándola. Yo no sabría decir lo que es, pero desde luego NO es una película.

ImagenEn medio del efecto narcótico que producen los diálogos pluscuamperfectos de Tener y no tener, y de ese repertorio de actitudes que se han convertido en arquetipos cinematográficos, el siempre humilde Hoagy toca sus cancioncillas.  Algunas veces canta él y otras hace que canta Lauren Bacall. Lauren Bacall no cantaba ni en esta película que no es tal ni en El sueño eterno. A la felina Lauren en sus momentos musicales la doblaba, para que no se perdiera la continuidad con su aterciopelada voz de contralto, un cantante jovencito llamado Andy Williams. Lo que interpretaba Hoagy Carmichael y que me dejó turulata la primera vez que lo oí y para siempre es el Hong Kong Blues, un tema nada fácil de cantar, y que un Hoagy descarado y burlón toca como nadie. Por cierto, en la versión cinematográfica la letra dice que es el sweet lucum lo que no deja volver al protagonista de la canción desde Hong Kong a San Francisco, algo bastante improbable. En la versión original, no sometida a censura, es el sweet opium lo que mantiene al pobre desgraciado atado lejos de su hogar. Eso ya nos lo creemos más.

Banda sonora para una invasión

Cuando escucho el Revolucionario de Chopin me entran ganas de invadir Alemania. Y aunque en esta interpretación de Sviatoslav Richter sea un ruso quien ataque el teclado, la violenta belleza de este estudio para piano me acerca a la lejana Polonia, y la rabia me hace apretar los puños al recordar las injusticias que ha tenido que sufrir, violada una y otra vez a lo largo de la historia por sus vecinos del mapa.

Polska

Durante la invasión nazi de Polonia en el otoño de 1939, la radio emitía las polonesas de Fryderyk Chopin para manifestar la unidad nacional del pueblo polaco y su sentido de la libertad frente al invasor. Más tarde, cuando los alemanes ya profanaban el suelo de Polonia con sus campos de la muerte, prohibieron que las obras del compositor se interpretaran en público. Y cuenta la leyenda que lo último que pudo oírse en la radio libre polaca antes de que el país cayese bajo la bota de los nazis fue precisamente el Estudio nº 12 del Opus 10, Revolucionario, que Richter, a pesar de ser ruso, toca magistralmente en esta grabación.

Cheburashka

Encontré la foto de Cheburashka en un Tumblr plagado de fotos inquietantes sin saber quién era. Era una foto muy curiosa, pero no revelaba en toda su esencia la tristeza y la melancolía que algunos personajes como Cheburashka son capaces de transmitir. Tal vez porque el de la foto no es Cheburashka mismo, sino un hombre-muñeco-anuncio que camina por una plaza de San Petersburgo disfrazado de Cheburashka. Y sonríe.

Supe quién era Cheburashka al publicar su foto en Facebook y preguntarme quién sería. Una chica contestó simplemente “Cheburashka” añadiendo el enlace a un vídeo en el que aparecía Cheburashka, una criatura creada para los niños soviéticos. Un pequeño animal sin especie definida que en una selva supuesta y prototípica cae por accidente en el interior de una caja de naranjas y llega a la civilización. El hombre que lo encuentra dormidito en la caja de fruta trata de sentarlo, pero Cheburashka resbala una y otra vez de la silla. De ahí viene su nombre, de la transformación tan típica en la lengua rusa de un verbo en este caso cheburatsa, “caerse”– en un apelativo cariñoso.

Cheburashka Y no sé qué más decir. No sé si son sus ojos enormes, sus orejas desproporcionadas o su naturaleza despeluchada, a mí Cheburashka me desarma. Me da unas ganas de llorar por algo que no sé lo que es que me muero.

Frío siberiano

Ayer hablaba con un amigo sobre la ola de frío que se nos ha venido hoy encima. “¿Por qué cuando llega una ola de frío siempre dicen que viene de Siberia? ¿Por qué no llegarán de Siberia chicas volando en un torbellino de nieve…?”, le dije guiñándole un ojo, porque mi amigo tiene una visión romántica de Rusia, sobre todo de Siberia, donde se imagina que habitan las mujeres más hermosas de la tierra.

Yo también comparto esa visión romántica y un poco trasnochada de Rusia, y creo que todos los rusos tocan el piano y escriben poemas dedicados al serbal y al abedul en su lengua cantarina… Otro amigo, un poco menos idealista y que las prefiere morenas, me ha venido hablando de unos vídeos que circulan por la Red y que, bajo el título de Meanwhile in Russia…, nos muestran la realidad actual del pueblo ruso y su capacidad casi proverbial para hacer el cafre. Pueblo de contrastes, maltratado siempre por la historia, brutal y delicado, venal y generoso, resultado de la mezcla entre Josif Brodski y los borrachos que caen desde un segundo piso y se levantan para seguir bebiendo. Cuando este frío siberiano te da en la cara, piensas de dónde llega y casi te pones contento.

Irremediablemente francés

Cuando Charles Trenet murió en 2001, Gilbert Bécaud declaró que si no hubiese sido por él todos los chanteurs franceses habrían sido oficinistas. Yo creo que no exageraba. Descubrí a Trenet un verano que pasé en el campo gracias a un amigo que se crió en París: al atardecer ponía un CD de Trenet, o de Jean Gabin, se plantaba un flexible en la cabeza y bailábamos el uno en brazos del otro alegres y despreocupados. Desde el primer instante, me cautivaron el puro surrealismo de las letras de sus canciones y el bajo continuo de joie de vivre que resuena en todas ellas, ya sean en tono menor o mayor.

En este vídeo se puede ver una secuencia de Romance de Paris, una de las pocas películas en las que intervino Trenet y gracias a la que podemos verlo en plena acción. La película es un musical que se rodó en la Francia ocupada (el origen judío de Trenet no le facilitó precisamente la vida en esos años) y que tuvo mucho éxito. La chansonette que canta en la secuencia es la que da título a la película, La romance de Paris, y con ella Trenet convierte un lugar común, con sus vingt ans, sus printemps y sus faubourgs, en un obstinado canto a la felicidad. Delgaducho y fibroso, no me quiero quedar con las ganas de destacar un detalle frívolo: el look demi sport, demi canaille de Charles Trenet en este corte de la película es, sencillamente, sensacional. Longtemps, longtemps, longtemps après que les poètes ont disparu…

Un culo británico

Las dos únicas cosas que recordaba de Caída y Auge de Reginald Perrin, aquella serie de la BBC que ponían en TVE a finales de los setenta, eran los títulos de crédito, en los que el protagonista se desnudaba y, siempre dándonos la espalda y enseñándonos su británico culo, corría hacia el mar para meterse entre las olas, y que en uno de los episodios Perrin montaba una tienda en la que vendía cosas absurdas.

Una parte del episodio en el que inaugura esa tienda, llamada Basura y en la que se pueden encontrar “cientos de regalos ideales para personas a las que odias”, se puede ver en este vídeo de YouTube. Yo recordaba que en aquella tienda Reginald Perrin vendía aros cuadrados y el asqueroso vino de saúco de la tía Edith Ethel o la tía Agatha o alguna tía de típico nombre inglés. Me parecía divertidísimo cuando era niña y ahora me parece imprescindible. Estoy ansiosa por que, aunque sea gracias a la crisis, que no tiene ninguna gracia, dejemos de comprar regalos incluso para las personas a las que despreciamos. Es que hay gente que lo hace, por increíble que parezca…