Cantautores como Hoagy

Los cantautores me revuelven las tripas. Su música es muy buena, no suena a nada, y sus letras suelen ser una oda a su ego que no le interesa ni a su portera. Aunque hay raras excepciones. Hoagy Carmichael es una de ellas. Este señor era un fuera de serie que escribía canciones fabulosas en las que no hablaba de sí mismo y se acompañaba de un piano rebasando con amplia ventaja el límite armónico de los tres acordes. Conozco a Carmichael por sus apariciones en Tener o no tener, que no considero exactamente una película, porque la dirigió Howard Hawks, la historia se basaba en una novela de Hemingway, el guión era de William Faulkner y Humphrey Bogart y Lauren Bacall se hicieron novios rodándola. Yo no sabría decir lo que es, pero desde luego NO es una película.

ImagenEn medio del efecto narcótico que producen los diálogos pluscuamperfectos de Tener y no tener, y de ese repertorio de actitudes que se han convertido en arquetipos cinematográficos, el siempre humilde Hoagy toca sus cancioncillas.  Algunas veces canta él y otras hace que canta Lauren Bacall. Lauren Bacall no cantaba ni en esta película que no es tal ni en El sueño eterno. A la felina Lauren en sus momentos musicales la doblaba, para que no se perdiera la continuidad con su aterciopelada voz de contralto, un cantante jovencito llamado Andy Williams. Lo que interpretaba Hoagy Carmichael y que me dejó turulata la primera vez que lo oí y para siempre es el Hong Kong Blues, un tema nada fácil de cantar, y que un Hoagy descarado y burlón toca como nadie. Por cierto, en la versión cinematográfica la letra dice que es el sweet lucum lo que no deja volver al protagonista de la canción desde Hong Kong a San Francisco, algo bastante improbable. En la versión original, no sometida a censura, es el sweet opium lo que mantiene al pobre desgraciado atado lejos de su hogar. Eso ya nos lo creemos más.

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El pianista virtuoso

Cuando tenía treinta y tantos años me entró la ridícula ventolera de querer aprender a tocar el piano. Como entonces trabajaba en casa corrigiendo novelas y ganaba el triple de lo que gano ahora, me compré un piano para asegurarme de que me lo tomaba en serio. Y no fue un piano cualquiera, sino un Grotrian-Steinweg de sonoridad espectacular, tan buena y brillante que, a pesar de ser vertical, muchas personas que sabían de lo que hablaban me aseguraron que le daba varias vueltas al mejor piano de media cola japonés. Talentos de los alemanes. Aunque el pelota de mi profesor, todo un personaje que un día me confesó muy ufano que gastaba peluca, augurara que en pocos meses estaría

Mi piano

tocando fugas de Bach, yo no hacía ningún progreso, y por eso invitaba a casa a cualquiera que supiese tocar de oído o que hubiese estudiado algunos años de Piano. Lo que fuese con tal de que se aprovechase aquel maravilloso instrumento que aún conservo cubierto de pelos de gato y que cada noche espero que algún fantasma se decida a tocar. En aquellos tiempos en los que podía permitirme que un profesor particular me diese lecciones de piano en casa, también tenía tiempo para ir a clases de ruso. Oh là là. Una de mis compañeras, Ana, era hija de una rusa que fue profesora de Violín en el Conservatorio de Moscú a la que su marido prohibió que hablase en ruso a sus hijos, de ahí que mi amiga tuviese que estudiar su lengua materna. De niña Ana no aprendió mucho ruso, pero hacía dictados musicales mientras se tomaba el Nesquik antes de ir al colegio, había estudiado hasta 5º de Piano y me hizó muy feliz aprovechándose de mi piano unas cuantas veladas. Gracias a ella supe quién es Moritz Moszkowski y que sus 12 estudios de virtuosismo, Opus 72, “Per aspera”, eran obligatorios en los dos últimos cursos de la carrera.  También me pasó un audio con el Estudio nº 2 en una versión fabulosa y, desgraciadamente, anónima, por lo que no puedo enlazarla aquí.

Moritz Moszkowski

Para compensar, he encontrado este vídeo de sabor retro con una interpretación del Estudio nº 6. El jovencito virtuoso que toca el estudio es Nelson Freire, discípulo lejano de Liszt, otro pianista tan virtuoso como vehemente  que a veces rompía las cuerdas del piano en los conciertos. En cuanto a mi Steinweg, he pensado en afinarlo y ofrecerlo a estudiantes para que practiquen los fines de semana. Eso sí, como ya tengo una edad y no demasiada paciencia, les exigiría cierto grado de virtuosismo.

Banda sonora para una invasión

Cuando escucho el Revolucionario de Chopin me entran ganas de invadir Alemania. Y aunque en esta interpretación de Sviatoslav Richter sea un ruso quien ataque el teclado, la violenta belleza de este estudio para piano me acerca a la lejana Polonia, y la rabia me hace apretar los puños al recordar las injusticias que ha tenido que sufrir, violada una y otra vez a lo largo de la historia por sus vecinos del mapa.

Polska

Durante la invasión nazi de Polonia en el otoño de 1939, la radio emitía las polonesas de Fryderyk Chopin para manifestar la unidad nacional del pueblo polaco y su sentido de la libertad frente al invasor. Más tarde, cuando los alemanes ya profanaban el suelo de Polonia con sus campos de la muerte, prohibieron que las obras del compositor se interpretaran en público. Y cuenta la leyenda que lo último que pudo oírse en la radio libre polaca antes de que el país cayese bajo la bota de los nazis fue precisamente el Estudio nº 12 del Opus 10, Revolucionario, que Richter, a pesar de ser ruso, toca magistralmente en esta grabación.

Volverse a enamorar

Qué cosa rara es el amor de pareja, ¿verdad? Tan sencillo y tan terriblemente complicado al mismo tiempo. Lleno de contradicciones y aporías, el amor se puede ir para siempre, puede ir y venir con cierta frecuencia, puede marcharse unos años y volver de repente… Y en esos vaivenes una pareja puede romperse. O no.

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Pensaba esto al escuchar una canción ya viejita y que seguro que todos hemos oído alguna vez…, en la radio de un taxi yendo con prisa a una cita, a la hora del cierre de un bar en la costa, en el guateque de un compañero de clase un poco nerd… Sleep walk. El título de la canción es tan evocador y la canción es tan dulce y da tanto calorcito como el brazo de tu amante en una noche de verano, cuando a pesar de la pasión sientes el frío de la madrugada. La canción es de Santo & Johnny y está recogida en Best of Santo & Johnny, un disco que recopila sus mejores temas. Al escucharla hoy, a pesar de que últimamente no soplen vientos muy románticos en mi vida, no he podido evitar volverme a enamorar…

¡¡Conga!!

Consigo llegar hasta mi dashboard sin que me den las uvas… Malgre moi, he tenido tanto trabajo desde finales de noviembre que no he visto la luz de diciembre, seca y posguerril, de este Madrid invernal, ni un solo día del mes. Alors, yo sólo quería recomendar dos canciones para fin de año, ideales tanto para los que lo celebren en mínima y perfecta compañía hasta para los que congreguen en casa a una pequeña multitud.

Josephine BakerLas dos son de la misma intérprete, la mágica Josephine Baker. Una es la Conga blicoti, que enlazo aquí, ideal para el momento después de brindar tras las campanadas. Y la otra es Madiana, una canción antillana en la que los divinos gorjeos de Baker alcanzan su clímax. Con ellas podemos ponerle al nuevo año una banda sonora cálida, sexy y diferente, para empezarlo con el pie en pleno movimiento. Muy feliz 2012…

Irremediablemente francés

Cuando Charles Trenet murió en 2001, Gilbert Bécaud declaró que si no hubiese sido por él todos los chanteurs franceses habrían sido oficinistas. Yo creo que no exageraba. Descubrí a Trenet un verano que pasé en el campo gracias a un amigo que se crió en París: al atardecer ponía un CD de Trenet, o de Jean Gabin, se plantaba un flexible en la cabeza y bailábamos el uno en brazos del otro alegres y despreocupados. Desde el primer instante, me cautivaron el puro surrealismo de las letras de sus canciones y el bajo continuo de joie de vivre que resuena en todas ellas, ya sean en tono menor o mayor.

En este vídeo se puede ver una secuencia de Romance de Paris, una de las pocas películas en las que intervino Trenet y gracias a la que podemos verlo en plena acción. La película es un musical que se rodó en la Francia ocupada (el origen judío de Trenet no le facilitó precisamente la vida en esos años) y que tuvo mucho éxito. La chansonette que canta en la secuencia es la que da título a la película, La romance de Paris, y con ella Trenet convierte un lugar común, con sus vingt ans, sus printemps y sus faubourgs, en un obstinado canto a la felicidad. Delgaducho y fibroso, no me quiero quedar con las ganas de destacar un detalle frívolo: el look demi sport, demi canaille de Charles Trenet en este corte de la película es, sencillamente, sensacional. Longtemps, longtemps, longtemps après que les poètes ont disparu…

Ponte peluca

Como dice mi madre, Dios da mocos a quien no tiene pañuelo. Un amigo se burla de mí siempre que me ve atusándome el pelucón y quejándome de lo mismo: “Es que tengo mucho pelo…”. Y a mi peluquero se lo tengo que repetir cada vez que voy a verle: “No cortes sólo, rebaja, rebaja…”. Me recuerdo a mí misma a mi profesor de Metodología de la Ciencia, José Luis Zofío, un señor al que, aparte de suspender a muchos alumnos, parecía que le nacían cuatro pelos en cada poro del cuero cabelludo.

Pero me vengo enterando de que en lugar de quejarme, debería estar contenta y considerar una suerte esto que a mí toda la vida me ha parecido una condena, porque las mujeres también nos quedamos calvas. Otra amiga mía me dijo una vez que como las mujeres hemos adoptado roles masculinos, también nos toca cargar con sus defectos congénitos, como la alopecia. Pues era lo que nos faltaba. Pero no desesperemos… Javier Gurruchaga nos tranquilizaba y nos daba la solución en 1979 con uno de sus primeros temas, el que puede disfrutarse en este vídeo.  Al fin y al cabo dentro de 100 años todos vamos a estar igual de calvitos, mondos y lirondos como una peladilla, ¿no?