‘Eli, ‘Eli, lĕma’ šĕbaqtani

El primer golpe de los muchos que recibes al leer Night, de Elie Wiesel, es enterarte de que Eliezer fue un adolescente muy devoto: de día estudiaba el Talmud y de noche, a escondidas de su padre, la Cábala. Pero su Dios fue asesinado en el momento en que puso sus pies en Auschwitz. François Mauriac escribe en su prefacio al libro que la afirmación de Nietzsche (Dios ha muerto) se articula casi en una realidad física para Wiesel. Tal vez esa fulminante muerte de su Dios salvó la vida a Wiesel, pues de acuerdo con muchos testimonios de supervivientes de la Shoah, los judíos más religiosos encontraban repugnante su existencia en los campos, suicidándose a las pocas horas de llegar o dejándose morir: “I was no longer able to lament. On the contrary, I felt very strong. I was the accuser, God the accused”.  Así como es imposible habitar racionalmente en un universo privado de racionalidad, en un mundo abandonado por Dios solo es posible vivir sin Dios.

Elie Wiesel

Por mucho que se lea sobre la Shoah es muy difícil llegar a conclusiones, encontrar explicaciones. Tal vez el acoso, los crímenes y torturas, los guetos, los campos, el exterminio, el expolio, las víctimas…, cada una de las secuencias que componen la catástrofe, pertenezcan a otro universo, estén en otra dimensión, en otro plano de existencia separado del mundo ordinario. Wiesel menciona la necesidad de un lenguaje nuevo para poder expresar lo que vivió. Es natural, nuestro lenguaje no sirve. Experimento algo parecido cuando trato de imaginar desde ésta cómo sería una vida más allá de ella. Me resulta un lugar impensable, inimaginable, nada humano ni terrenal sirve para construir una analogía que siquiera me oriente . Incognoscible, inaprensible, absurdo. Como un lugar donde los hombres se ven obligados a entonar un kadish para sí mismos.

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Gourmandisse, escritora y un bellezón

No sabía en qué orden colocar los nombres en el título de esta entrada para definir en tres palabras a M.F.K. Fisher, una mujer fascinante a la que, entre otras virtudes, le encantaban los gatos, noblesse obligue… Norteamericana, de Michigan, está en las antípodas del arquetipo de yanqui loca que malcocina unas porquerías de mucho cuidado pero tiene una cocina de exposición siempre inmaculada. Para Mary Frances Kennedy “good food can not come from a bad kitchen”, así que le importaba un comino que la cocina estuviese un tanto mugrienta.

M.F.K. Fisher no es la escritoria culinaria al uso que se limita a contarnos sus recetas más logradas, la mejor forma de cocer una langosta o el restaurante ideal para comer bouillabaisse. Su prosa es de las más elegantes que he leído nunca, respira libertad por cada una de  sus páginas y su forma de mezclar recuerdos, amor, comida y amor a la comida arroja un resultado siempre exquisito. En el volumen The Art of Eating se recogen cinco de sus mejores libros, Consider the Oyster, Serve It Forth, How to Cook a Wolf,  The Gastronomical Me y An Alphabet for Gourmets.

Adelanto que Mary Frances se marchó recién casada y con 20 años a Dijon, Francia, donde descubrió placeres gastronómicos como el foie “al borde de la putrefacción”…, el resto lo dejo al puro goce de los textos de esta guapísima y excepcional escritora.

La inquietante escritora de Cornualles

Casi todo el mundo ha leído Rebeca, o al menos ha visto la película dirigida por Hitchcock basada en el mismo libro. Ese nombre de mujer que da título a la novela más famosa de Daphne du Maurier se convirtió en España en una forma de referirse a las chaquetas de punto sencillas y recatadas como la protagonista que las luce en la película, aunque esa protagonista no sea Rebeca, sino una humilde heroína  a la que su creadora, en el colmo de la genialidad, ni siquiera puso un nombre.

Y también Rebeca da su nombre a un síndrome en el que una mujer siente celos de la anterior pareja de su novio o su marido a pesar de que ella ya haya muerto.  Pero yo quería hablar de otro libro de du Maurier, en el que se recogen varios cuentos que escribió siendo muy joven, cuando apenas tenía 19 años y que he leído en mi Kindle: The Doll.
Todos y cada uno de los relatos que lo integran reflejan sin excepción la profunda falta de fe en las relaciones humanas (sean del tipo que sean) de la joven Daphne. Y ese universo inquietante hasta lo indecible en el que viven asfixiados sus personajes, y que pondrá el sello personal al resto de su obra, ya está presente en las primeras historias breves de esta autora que para escribir se marchaba a una casa solitaria entre rocas en la costa de Cornualles.

Tanta vida interior

Yo Hervir un oso, de Jonathan Millán y Miguel Noguera, no me lo he leído entero. Ni de coña. No quiero. Cuando tengo este libro cerca me pongo nerviosa como mi gato cuando le hablo con voz de pito: arqueo el lomo, doy vueltas, las patas no me sostienen, etcétera. Entonces lo abro por las páginas color amarillo postit y me encuentro, por ejemplo, con la Historia del Palé. Pataleo de pura histeria: tanta genialidad me ataca el sistema nervioso. Y es todo así, lo poco que he visto: Hitler, el gato Rausán, los juguetes de Batman.

Se me ha ocurrido que este libro, publicado por Belleza Infinita y que puede comprarse en Curiosite.es, es ideal para llevarlo siempre encima. Si conoces a alguien en un bar, se lo enseñas y no se ríe, ya le puedes decir sosegadamente que vas a la calle a fumarte un pitillito, para huir con viento fresco y la conciencia más limpia que la de un bebé.

Trubloff

Cuando mi gato se pone muy pesado le digo que se va a ir con el ratón Trubloff, una amenaza que equivale a mandar a alguien a un gulag en Siberia… Trubloff es “el ratón que quería tocar la balalaica”, un personaje infantil creado en los sesenta por John Burningham, una de esas mentes especialmente dotadas para el horror y el terror en el cuarto oscuro.

“Un día les sorprendió una terrible ventisca. Se asustaron muchísimo y se preguntaban si llegarían a casa a ver a su madre”.

No estoy diciendo que no me guste Trubloff, ¡todo lo contrario! Trubloff me encanta, Trubloff me fascina, pero el corazón se me parte en mil pedazos cada vez que lo veo tirado como una colilla en la nieve, sin otro medio para calentarse que el aliento febril de los cosacos… Recuerdo que mi madre se negaba a leernos a mi hermano y a mí La pequeña vendedora de fósforos, de H. Ch. Andersen (otra mente con un enorme talento para la tortura emocional más refinada), supongo que por los mismos motivos por los que a mí me duele contemplar a Trubloff con su balalaica en los brazos y los ojillos cerrados por la inspiración… Para los que quieran leer Trubloff en español, hay una traducción publicada por Susaeta que ya sólo puede encontrarse en librerías de viejo y ferias del libro antiguo y de ocasión. En inglés se puede encontrar en Amazon.

La autopsia de un mito

Para ilustrar este post he elegido la foto que le hizo Cecil Beaton a Marilyn, porque ella la consideraba su retrato favorito. Es mi micro homenaje a esta mega artista que murió en circunstancias extrañas, una muerte que sigue siendo uno de los grandes misterios del siglo XX.

El velo de las teorías conspiranoicas siempre ha envuelto el suicidio/ supuesto asesinato de Norma Jean Baker, y las dudas se volvieron a disparar con la reciente publicación de un libro escrito por Thomas T. Noguchi, conocido como el “forense de las estrellas”, porque entre otros famosos famosísimos diseccionó los cuerpos de Natalie Wood, Sharon Tate y Janis Joplin, era lo que le tocaba al hombre en su distrito… Noguchi desvela todos los datos de la autopsia que le practicó a Monroe en Cadáveres exquisitos, sin embargo, poca luz se arroja sobre lo que realmente ocurrió la noche del 4 de agosto de 1962…

Leer antes de comprar

Éste es un buen ejemplo de algunas webs que están apareciendo en los últimos tiempos y que vienen de maravilla para navegar más suavemente por este mundo en crisis. Google tiene, entre otros de sus proyectos, una página en la que alberga unos siete millones de libros (una lista que sigue creciendo, como todo en la Red) clasificados en 30 temas diferentes.

Matemáticas, clásicos literarios, viajes, autoayuda… Los libros se pueden descargar en formato PDF y aunque hay algunos que no están completos, nos sirven para echarles un vistazo y asegurarnos si vale la pena comprarlos. Ah, y todo es legal, gracias a un acuerdo pionero entre Google y escritores y editores.