Todas las pérdidas irreparables

Al actor y cineasta alemán Kurt Gerron lo redujeron a cenizas en los últimos días en que los Krematoria de Birkenau aún seguían en pie, en el otoño de 1944. Antes estuvo internado en Theresienstadt, el campo de concentración de opereta que la Alemania nazi construyó para mantener tranquila (y lo consiguieron) la conciencia del resto de occidente, haciéndonos creer que encerraban a los judíos para que estuviesen todos juntitos pasándoselo bomba. Precisamente, a los nazis les venían que ni pintados los artistas como Gerron, en este caso para dirigir en el campo un cabaret, Das Karussell, que mantuviera entretenidos a los reclusos y que así en las fotos que enviaran a la Cruz Roja y demás ONGs de la época se reflejase una felicidad y un entusiasmo genuinos por vivir en Theresienstadt.

Las pérdidas irreparablesPero no solo dirigió gratis un teatro de variedades en medio del infierno. Los nazis obligaron a Gerron a que filmase un documental propagandístico que reflejase lo bien que se vivía en Theresienstadt y lo buena gente que eran los miembros de las SS. El ridículo título: Der Führer schenkt den Juden eine Stadt (El Führer regala una ciudad a los judíos). Nada más concluir la filmación del documental, tanto Gerron como la mayoría de los participantes en el mismo fueron transferidos a Birkenau (Auschwitz II), donde se les gaseó e incineró inmediatamente después de su llegada al campo.

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