Un tatuaje no es para siempre

Una de las cosas buenas de cumplir 40 años es que puedes hacer lo que te salga del bolo sin tener que andar dando explicaciones. Un ejemplo es lo que voy a hacer en cuanto llegue mi pedido de la tienda online tatt.ly: ¡volver a ponerme calcomanías!

En esta web yanqui de tatuajes temporales de diseño piensan en todo y tienen hasta un set de calcomanías “para adultos” que incluye un surrealista conejo que fuma en pipa (¡parece el marido perfecto!), un cándido billete de 100 dólares doblado, un reloj digital que marca siempre la misma hora, “late”, y una maciza y sonrosada pin-up. Pero las calcomanías que me he comprado yo no son éstas, sino un abecedario, para plantarme algún mensaje de amor en la pechuga e ir a la oficina con escote; y unas máquinas de escribir color azul bebé de la diseñadora Julia Rothman, que tiene varios diseños, como las cámaras de fotos retro o los utensilios de cocina, que enloquecerán a posmodernos y nerds por igual. Los gastos de envío cuestan dos pavos…, no digas que no hay ninguna que te pondrías, aunque sea en una parte muuuuuy privada de tu cuerpo…

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