Trubloff

Cuando mi gato se pone muy pesado le digo que se va a ir con el ratón Trubloff, una amenaza que equivale a mandar a alguien a un gulag en Siberia… Trubloff es “el ratón que quería tocar la balalaica”, un personaje infantil creado en los sesenta por John Burningham, una de esas mentes especialmente dotadas para el horror y el terror en el cuarto oscuro.

“Un día les sorprendió una terrible ventisca. Se asustaron muchísimo y se preguntaban si llegarían a casa a ver a su madre”.

No estoy diciendo que no me guste Trubloff, ¡todo lo contrario! Trubloff me encanta, Trubloff me fascina, pero el corazón se me parte en mil pedazos cada vez que lo veo tirado como una colilla en la nieve, sin otro medio para calentarse que el aliento febril de los cosacos… Recuerdo que mi madre se negaba a leernos a mi hermano y a mí La pequeña vendedora de fósforos, de H. Ch. Andersen (otra mente con un enorme talento para la tortura emocional más refinada), supongo que por los mismos motivos por los que a mí me duele contemplar a Trubloff con su balalaica en los brazos y los ojillos cerrados por la inspiración… Para los que quieran leer Trubloff en español, hay una traducción publicada por Susaeta que ya sólo puede encontrarse en librerías de viejo y ferias del libro antiguo y de ocasión. En inglés se puede encontrar en Amazon.

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