¡Vivan los pueblos errantes!

La sangre me arde en las venas con un suave chup-chup cada vez que escucho Hora staccato... El romaní Grigoraş Dinicu compuso esta divina piececita para violín que apenas dura dos minutos y medio para obtener su precoz graduación en el Conservatorio de Bucarest en 1906 (tenía 17 años). Y esta versión que enlazo aquí está interpretada por él mismo.

De pequeña yo escuchaba Hora staccato en un disco de vinilo de mis padres que recopilaba algunos de los hits más conocidos de la música zíngara, como las sublimes Csárdás de Monti. Desde entonces he sentido fascinación por la música de los gitanos centroeuropeos, esa música intensa y melancólica que invita a soñar con una vida en libertad. Para echarle más guindas al pavo, además de uno de los más brillantes violinistas del siglo XX, Dinicu también fue un hombre comprometido que apoyó a su pueblo y fue nombrado presidente honorario de la Unión General Romaní rumana en los años treinta… Sastipén tali!

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