El arte de ser húngaro

Confieso mi total debilidad por los húngaros, esas personas que, según una definición popular, tienen la rara capacidad de entrar detrás de ti en una puerta giratoria y salir delante. Una hungarísima con todas las de la ley fue Vali Rácz, cantante y actriz que desarrolló su carrera en los años treinta y cuarenta del siglo pasado.

Vali cantaba en los nightclubs de Budapest (eso es tener clase), protagonizó veinte películas y fue la delicada muñequita de porcelana que daba ánimos, con su rostro impreso sobre una postal arrugada, a los soldados húngaros en el frente durante la II Guerra Mundial. Pero fue mucho más que eso… Vali salvó la vida de cinco amigos judíos en los nefastos años del exterminio nazi manteniéndolos ocultos en su casa, lo que le valió ser nombrada Justo de las Naciones por Yad Vashem en 1991. Este año se cumple el centenario de su nacimiento y en su página web puede escucharse un puñado de sus canciones. Quien haya soñado alguna vez con oír Lili Marleen en magyar, esa lengua tan poética como complicada, tiene al fin su oportunidad en este enlace.

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