Excéntrico y virtuoso

El pianista canadiense Glenn Gould encarnaba a la perfección el arquetipo de artista tronado y genial. Desde sus opiniones (pensaba que Bach era el único compositor al que tenía sentido interpretar y que el resto eran

La famosa sillita de Gould. Ergonómica, desde luego, no parece

un simple entretenimiento) hasta su puesta en escena para tocar: Gould se sentaba en una postura imposible, encorvado sobre una sillita absurda que parecía sacada de un vertedero y que llevaba consigo a todas partes. En este vídeo lo vemos en su casa, atacando unos pasajes del Arte de la Fuga de Bach, canturreando, como era habitual en él, y en compañía de su collie Banquo, que bosteza aburrido de tanto contrapunto. A los humanos, sin embargo, nos deja sobrecogidos. Por lo menos a la moi…

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