Amor, neurosis, crímenes…

Era cojo, feíto, amigo íntimo de Hitler y estaba como un cencerro. Con semejantes prendas personales a nadie se le ocurriría asociar el nombre de Joseph Goebbels con ningún asunto sentimental, ni mucho menos pasional.

Recientemente se han desclasificado los diarios del que fuera ministro de propaganda de la Alemania Nazi y, entre otras cosas, se ha sabido que Goebbels estuvo profundamente enamorado de una mujer judía. O que le gustaba Fiodor Dostoievski, a pesar de que los eslavos también fueran considerados Untermenschen en las delirantes teorías raciales de los nazis. Datos que demuestran que sólo un hombre tan acomplejado, frustrado y plagado de neurosis y contradicciones pudo alimentar el odio que escribió la página más negra de la historia de la humanidad.

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