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El muelle de la podadora❤❤❤

The Sketchbook

People always ask me how I find the time to do a sketch every day. Sometimes I take a lot of time to complete a painting (or ruin several before I post anything!) and other days I just spend a few minutes doing something quick, like a pencil sketch of my dog. There are also days when I stop what I am doing for a time (like garden cleanup today) and draw my activity. What’s important for me is that I draw everyday. In a great online interview with my friend Marc Holmes he says basically the same thing. He keeps a sketchbook in his bag and draws wherever he is. I guess for both of us the advice is the same. Just get out there and draw!

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Recetas extraordinarias I. Bizcocho de chocolate caducado

bizcocho chocolate caducadoEn mi oficina la conexión a Internet falla más que una escopeta de feria, pero en compensación puedes encontrar cosas  tan fabulosas como tazas Pantone desportilladas, seamonkeys o bolsas de un kilo de chocolate para fondue caducado. Una de estas bolsas acabó en mi despensa hace meses. Y allí siguió caducando hasta el domingo pasado, cuando mezclándolo con otros ingredientes preparé un bizcocho que me cubrió de gloria. El auténtico triunfo llegó en la oficina, donde a uno de mis jefes le cambié un trozo de bizcocho por otra bolsa de chocolate caducado que atesoraba en su escritorio también desde hacía meses. De manera inesperada, hoy puedo decir que soy millonaria en chocolate caducado.

‘Eli, ‘Eli, lĕma’ šĕbaqtani

El primer golpe de los muchos que recibes al leer Night, de Elie Wiesel, es enterarte de que Eliezer fue un adolescente muy devoto: de día estudiaba el Talmud y de noche, a escondidas de su padre, la Cábala. Pero su Dios fue asesinado en el momento en que puso sus pies en Auschwitz. François Mauriac escribe en su prefacio al libro que la afirmación de Nietzsche (Dios ha muerto) se articula casi en una realidad física para Wiesel. Tal vez esa fulminante muerte de su Dios salvó la vida a Wiesel, pues de acuerdo con muchos testimonios de supervivientes de la Shoah, los judíos más religiosos encontraban repugnante su existencia en los campos, suicidándose a las pocas horas de llegar o dejándose morir: “I was no longer able to lament. On the contrary, I felt very strong. I was the accuser, God the accused”.  Así como es imposible habitar racionalmente en un universo privado de racionalidad, en un mundo abandonado por Dios solo es posible vivir sin Dios.

Elie Wiesel

Por mucho que se lea sobre la Shoah es muy difícil llegar a conclusiones, encontrar explicaciones. Tal vez el acoso, los crímenes y torturas, los guetos, los campos, el exterminio, el expolio, las víctimas…, cada una de las secuencias que componen la catástrofe, pertenezcan a otro universo, estén en otra dimensión, en otro plano de existencia separado del mundo ordinario. Wiesel menciona la necesidad de un lenguaje nuevo para poder expresar lo que vivió. Es natural, nuestro lenguaje no sirve. Experimento algo parecido cuando trato de imaginar desde ésta cómo sería una vida más allá de ella. Me resulta un lugar impensable, inimaginable, nada humano ni terrenal sirve para construir una analogía que siquiera me oriente . Incognoscible, inaprensible, absurdo. Como un lugar donde los hombres se ven obligados a entonar un kadish para sí mismos.

Motivos legítimos para dar la lata

Beate Klarsfeld representa algunas de las pocas cosas buenas que admito que ha logrado nuestra especie. Conocida cazadora de nazis, el gesto más mediatizado de Klarsfeld fue cuando, sin cortarse un pelo, le propinó una bofetada al entonces canciller alemán Kurt Georg Kiesinger durante el Parteitag de la CDU (Unión Demócrata Cristiana de Alemania) que se celebraba en Berlín el 7 de noviembre de 1968. Después del guantazo, le llamó nazi a la cara, en nombre de los 50 millones de muertos de la II Guerra Mundial.

Beate KlarsfeldPero la torta a Kiesinger no es más que un gesto pequeño que alcanzó una lógica notoriedad, porque a lo largo de toda su vida, Beate se ha dedicado a perseguir a todos aquellos que participaron de forma directa o indirecta en la Shoa y que escaparon o, sencillamente, nadie se ocupó de juzgar y punir por sus crímenes tras finalizar la guerra. Para denunciar a los culpables, en muchas ocasiones no le quedaba más remedio que practicar el  escrache. En el documental de 2007 La persecución de los nazis, dirigido por Isabelle Clarke y Daniel Costelle, podemos ver a Beate, junto a su marido Serge y a otros activistas, seguir por las calles y plantarse ante las residencias de personajes como Kurt Lischka, jefe de la Gestapo en la Francia ocupada, que tras la guerra llevó una apacible vida como próspero hombre de negocios, o Herbert Hagen, responsable de la deportación de judíos desde Francia y que había sido amnistiado en 1955. En ambos casos, y en otros, las acciones de los Klarsfeld consiguieron su objetivo: estos criminales contra la humanidad fueron juzgados y condenados. No sé qué vocecita interna (puede que irracional) me dice que pocas, muy pocas veces sí hay buenos motivos para acosar públicamente a los presuntos culpables de determinados delitos.

Mi pan cualquier día

No vivo solo de pan, evidentemente. Pero he invertido mucho tiempo buscando pan de harina de centeno cien por cien, porque sufro la extraña superstición de que la harina de trigo no me sienta bien. Hace poco supe que el centeno tiene el índice glucémico más bajo que el trigo, y esa información, que a lo mejor no es más que un infundio, me bastó para seguir empeñada en encontrar pan de centeno y solo de centeno, algo que no es muy fácil todavía en España a menos que sea en herbolarios, y son panes que no están para tirar cohetes, o en ciertas panaderías en las que hay que encargarlos: acordarse, ir, no tengo tiempo, socorro, etcétera. Hasta que hace poco cayó en mis manos una panera, un recipiente de silicona diseñado para cocer pan en el horno sin que pierda la humedad y que permite al mismo tiempo que la parte exterior, la corteza, quede crujiente. Así que compre en Elamasadero.com varios kilos de harina de centeno integral, levadura seca de panadero y una mezcla de semillas (lino, calabaza, girasPan calvinistaol, amapola, avena…), y me puse a cocer los primeros panes. Aunque el pan que hago es muy sencillo de momento, ya me he dado cuenta de algunas cosas, como, por ejemplo, que hacer el pan solo con harina  integral de centeno es un poco heavy… A los que no estén acostumbrados a los panes que se comen en el norte de Europa tal vez no les entusiasme, porque no es un pan de miga esponjosa. Otra cosa que he descubierto es que cuanto más tiempo repose la masa, mejor, más aireé queda, por lo menos hay que dejar que repose seis horas. Básicamente, mi receta de pan calvinista lleva un cuarto de kilo de harina (integral de centeno, si se quiere se puede mezclar con harina blanca de centeno o con harina blanca de trigo en una proporción más o menos de 60/40% a favor del centeno integral), medio sobre largo de levadura seca, una cucharada de café de sal y agua tibia. Poner la harina, la levadura y la sal mezcladas en un bol e ir añadiendo agua hasta que la masa se deje manejar, procurando que quede más húmeda que seca, a medida que se amase se pegará menos en los dedos. La harina integral de centeno hace que la masa sea muy recia, no es como cuando amasamos harina de trigo blanca, es una masa más compacta y que da más trabajo (ad maiorem Dei gloria), pero hay que procurar amasarla todo lo que se pueda. Cuando esté bien amasada (al menos cinco minutos) se le da forma de bola, se envuelve en un paño de algodón húmedo (no mojado, bien escurrido) para que no se reseque y se deja reposar un mínimo de cuatro horas. Después se le da la forma deseada (la que mejor me ha resultado de momento es la forma de bollo redondo), se humedece con agua uniformemente y se reboza en la mezcla de semillas (yo lanzo las semillas alegremente en la mesa de trabajo y las que sobran, que son un montón, las reintegro a su frasco). Se hace un corte en forma de cruz en el centro del pan y se deja de nuevo cubierto con el paño a reposar otro par de horas. Después se mete en la panera y se cuece 30 minutos a 220 ºC. Al sacarlo debe dejarse enfriar sobre una rejilla. Recién hecho (ya frío, se entiende) está buenísimo, y aguanta dos o tres días (yo lo guardo envuelto en un paño de algodón de Muji). Cuando ya tiene más de un día de vida, lo suelo cortar en rebanadas finas y tostarlo un poco. Y tal vez no sea más que porque lo he preparado yo con mis blancas manos, pero a mí mi pan me sabe a gloria.

Todas las pérdidas irreparables

Al actor y cineasta alemán Kurt Gerron lo redujeron a cenizas en los últimos días en que los Krematoria de Birkenau aún seguían en pie, en el otoño de 1944. Antes estuvo internado en Theresienstadt, el campo de concentración de opereta que la Alemania nazi construyó para mantener tranquila (y lo consiguieron) la conciencia del resto de occidente, haciéndonos creer que encerraban a los judíos para que estuviesen todos juntitos pasándoselo bomba. Precisamente, a los nazis les venían que ni pintados los artistas como Gerron, en este caso para dirigir en el campo un cabaret, Das Karussell, que mantuviera entretenidos a los reclusos y que así en las fotos que enviaran a la Cruz Roja y demás ONGs de la época se reflejase una felicidad y un entusiasmo genuinos por vivir en Theresienstadt.

Las pérdidas irreparablesPero no solo dirigió gratis un teatro de variedades en medio del infierno. Los nazis obligaron a Gerron a que filmase un documental propagandístico que reflejase lo bien que se vivía en Theresienstadt y lo buena gente que eran los miembros de las SS. El ridículo título: Der Führer schenkt den Juden eine Stadt (El Führer regala una ciudad a los judíos). Nada más concluir la filmación del documental, tanto Gerron como la mayoría de los participantes en el mismo fueron transferidos a Birkenau (Auschwitz II), donde se les gaseó e incineró inmediatamente después de su llegada al campo.

Cantautores como Hoagy

Los cantautores me revuelven las tripas. Su música es muy buena, no suena a nada, y sus letras suelen ser una oda a su ego que no le interesa ni a su portera. Aunque hay raras excepciones. Hoagy Carmichael es una de ellas. Este señor era un fuera de serie que escribía canciones fabulosas en las que no hablaba de sí mismo y se acompañaba de un piano rebasando con amplia ventaja el límite armónico de los tres acordes. Conozco a Carmichael por sus apariciones en Tener o no tener, que no considero exactamente una película, porque la dirigió Howard Hawks, la historia se basaba en una novela de Hemingway, el guión era de William Faulkner y Humphrey Bogart y Lauren Bacall se hicieron novios rodándola. Yo no sabría decir lo que es, pero desde luego NO es una película.

ImagenEn medio del efecto narcótico que producen los diálogos pluscuamperfectos de Tener y no tener, y de ese repertorio de actitudes que se han convertido en arquetipos cinematográficos, el siempre humilde Hoagy toca sus cancioncillas.  Algunas veces canta él y otras hace que canta Lauren Bacall. Lauren Bacall no cantaba ni en esta película que no es tal ni en El sueño eterno. A la felina Lauren en sus momentos musicales la doblaba, para que no se perdiera la continuidad con su aterciopelada voz de contralto, un cantante jovencito llamado Andy Williams. Lo que interpretaba Hoagy Carmichael y que me dejó turulata la primera vez que lo oí y para siempre es el Hong Kong Blues, un tema nada fácil de cantar, y que un Hoagy descarado y burlón toca como nadie. Por cierto, en la versión cinematográfica la letra dice que es el sweet lucum lo que no deja volver al protagonista de la canción desde Hong Kong a San Francisco, algo bastante improbable. En la versión original, no sometida a censura, es el sweet opium lo que mantiene al pobre desgraciado atado lejos de su hogar. Eso ya nos lo creemos más.